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Este sábado 24 de octubre se realizará la presentación del libro YAWAR METAL. 🇵🇪🤘🏻 El evento tendrá lugar en el Museo Metropolitano de Lima y contará con la presencia de reconocidos músicos y actores del Metal peruano, quienes colaboraron para los fines de este libro. Se debe realizar una reserva para poder participar del evento, via Editorial Madre Muerte .📖 Yawar Metal: 200 Producciones de Metal Peruano Que Debes Conocer es una obra fundamental y cronológica, del autor Marco Echegoyen, que recorre cincuenta años de historia, resistencia y pasión musical en el Perú. A través de un minucioso viaje año por año, desde los primeros brotes pesados en 1972 hasta la madurez de la escena en 2022, este libro sitúa el desarrollo del género en su contexto social, político y cultural, tanto nacional como internacional. De la mano del comunicador / escritor , y enriquecido con el testimonio directo de más de 130 músicos de todas las regiones del país, este trabajo descentraliza la mirada tradicional para revelar cómo se forjó la identidad metalera en la costa, la sierra y la selva. Teniendo como eje 200 producciones musicales esenciales —entre álbumes, demos, EP y maquetas de culto—, estas páginas rescatan el acervo, la rebeldía y el legado cultural de una comunidad que supo sobreponerse a los prejuicios para hacer fluir con fuerza la savia del metal peruano. Una guía imprescindible tanto para los nuevos headbangers como para los más curtidos guardianes del underground #MetalPeruano #YawarMetal

⏰🔥 ¡ACTIVA TU ALARMA! Este martes 20 de octubre, desde las 10:00 a. m., comienza la preventa especial para ver a #GALNERYUS por primera vez en Lima. 🇯🇵⚔️ 🎟️ Preventa especial a S/199 válida con todos los medios de pago en Joinnus . 🚨 Stock y capacidad limitados No te pierdas a la banda más grande del power metal japonés, con más de dos décadas de trayectoria y canciones que han formado parte de reconocidos animes. 📅 Viernes 12 de febrero de 2027 📍 Centro de Convenciones Barranco | Centro de Convenciones Barranco ¡Asegura tu entrada antes de que se agote! 🤘 #Galneryus #GalneryusEnLima #PowerMetal #JMetal #NardosProducciones

Crónica de una larga espera , por ‘Fraja’: — La previa — El día de un concierto, a esta edad, no empieza a la hora del concierto. Empieza temprano, con la lista de pendientes de la casa: las compras, los perros, el gimnasio, la niña, el almuerzo, la limpieza… A esta edad, o estamos casados o ya nos han dejado, y yo estoy casado, así que cumplí con todo, con la puntualidad del que sabe que cada salida es una negociación y que el toma y daca es sagrado. Recién a las cinco de la tarde pude salir a buscar a mi amigo mexicano Arturo. Arturo llevaba un mes en la carretera, con una mochila y una computadora, mezclando la gira con el negocio de marketing y merchandising que tiene con su padre. Venía del Foro Sol de México, de San Salvador, de San José de Costa Rica, de Bogotá y de Quito. Yo me puse el polo azul de Powerslave que compré en 2008. Esa misma tarde, en una bodega, un desconocido me lo elogió, y yo le respondí lo que siempre digo: este polo me acompaña hasta que se desintegre. Llevaba también la bandera, la del Perú con la cara de Eddie y el nombre de nuestra página Heavy Metal Peru , la que mandamos a hacer. Afuera, antes de entrar, la bandera hizo su trabajo: la gente se acercaba a pedir fotos, y así conocimos a Alex, de Barinas, Venezuela, cuarenta años, que vive en Trujillo y que entró a Maiden por ‘Wasting Love’ . Él nos ofreció cigarros y nosotros le ofrecimos cerveza. Así se hacen los amigos en la puerta de un estadio. En la previa la conversación fue con Arturo, con su camiseta amarilla del América. Gonzalito y Luis apostaban a que llevaba sesenta o setenta conciertos de Maiden. Eran ochenta y uno. Le dijimos que tenía que llegar a cien antes de que Cristiano llegue a los mil goles. Nos contó de un danés que lleva entre cuatrocientos y quinientos shows, y de él mismo, que vio a Kiss cuarenta y seis veces, en el Kiss Kruise y en el hotel de Las Vegas, porque Kiss vende hasta los calzoncillos. Kiss fue su primer amor, por sus hermanos; después llegó Maiden. ¿Y Metallica?, le pregunté. «Sí, una vez. Y con eso es suficiente». Me habló de la entrada más cara de su vida, la del partido inaugural del Mundial en su propio país, comprada en reventa, y de la primera vez que vio a Maná. De El Tri gratis en la playa El Silencio, en los noventa, con más de cien mil personas y un tráfico infernal. Va por su cuarto Mundial y desde 1998 solo se ha perdido diez partidos del América. Y en algún momento, brindando, dijo algo que se me quedó: que Perú y México se parecen, que los dos fuimos civilización y hoy somos más incivilizados. Salud. Para él, Lima le ganó a Bogotá. Más adelante me diría que la primera parte del show fue la mejor. — Fila siete — Al final, cuando Arturo ya había entrado y todos ya estaban adentro, intenté pasar con la bandera. No me dejaron: dijeron que medía más de dos metros. Volví al carro a guardarla, con la pena de quien deja a un amigo afuera. En el camino me crucé con un fan vestido de Jesucristo, con túnica y todo, que iba al campo A. Le hice una confesión de broma y me dio mi penitencia. Me tocó Occidente Baja, fila siete, cerca de los baños portátiles. Al comienzo me sentí incómodo sentado. Había parejas con helados, muchas mujeres bien vestidas, turistas gringos. No era muy peruano, pero qué paja. Mucho antes, en el foro, nos preguntábamos dónde estaban las chicas; ahora estaban ahí, con sus parejas, con sus amigas, con sus hijos. Y había niños de diez u once años saltando. El público de Maiden ya no es el que era: es más diverso, más familiar, y eso no lo debilita, lo agranda. Antes del show pasé por el puesto oficial de polos. Vi uno verde y naranja de Aces High y no lo compré. A los chicos de las mesitas les dije que esta noche iba a ser un antes y un después, y nos dimos la mano. A media presentación de The Raven Age bajé de nuevo: shut up and take my money. Ciento cuarenta soles. Ese polo terminaría siendo el de la noche. Mis amigos despachaban a The Raven Age sin escucharlos. Yo prefiero oír a un telonero como una hoja en blanco. Son melódicos y limpios, con una voz más bien pop, un primer guitarrista muy bueno y un estilo que todavía están definiendo. Estaban agradecidos, intentaron algo de español, y el público los respetó. Pensé en el propio Maiden abriendo para Judas Priest en 1980, cayéndole al público como un ataque de abejorros. Todos empiezan en algún lado. — Se apagan las luces — Antes del show, el estadio se va llenando con la música que pone la banda, y uno la reconoce como a viejos amigos: Chinatown de Thin Lizzy, Die Young de Black Sabbath, Easy Livin’ de Uriah Heep, High ‘n’ Dry de Def Leppard, I Got the Fire de Montrose (que Maiden grabó alguna vez), Kashmir de Led Zeppelin, Hells Bells de AC/DC. Es una clase de historia del rock para el que quiera escucharla. Como a las ocho y cuarenta se apagaron las luces. En las pantallas negras parpadeaba Eddie. Sonó Doctor Doctor de UFO, la que, según Bruce, es para ir por una última cerveza, y el estadio la cantó como siempre: sabiendo que no es la de verdad, que es el aviso. Después vino The Ides of March y la gente ya estaba con los dientes largos. Es como la intro de AC/DC con el tren que se estrella: no es música todavía, es una promesa de choque. Y apareció el Eddie de Killers. — Los fantasmas de Paul — Abrieron con Murders in the Rue Morgue, Wrathchild, Killers y Phantom of the Opera: cuatro canciones de Paul Di’Anno, seguidas. Tres de ellas no las había escuchado nunca en vivo. Lo sentí como una reconciliación con el pasado. Clive Burr y Paul ya no están, y la banda les estaba diciendo: estos veinte, veinticinco minutos son de ustedes. Esas canciones tienen todavía el aire punk de los primeros años, cuando el heavy metal era el perro bastardo del rock y la prensa (Sounds, Melody Maker) se movía como un sindicato que decidía quién valía y quién no. Paul era la tormenta. El bajo de Harris no era un ancla sino un «sígame». Paul nunca aceptó el sonido de Killers, ni tuvo después un proyecto propio que durara; necesitaba ayuda, y no siempre la tuvo. Por eso se me mojaron los ojos. Y lo justo es decirlo: Bruce las canta muy bien, las adapta a su voz, sin el ego de los cantantes que se niegan a cantar las canciones de su antecesor. Phantom fue una sinfonía. Hizo saltar a todo el estadio. Es la base de todas las épicas largas que vendrían después, y su producción áspera le queda bien, con ese vaivén de una parte a otra. Después vino The Number of the Beast, con su voz de introducción, y ahí se escucha el salto de calidad de Di’Anno a Bruce. No es que uno sea mejor que el otro: es que son dos bandas distintas con el mismo nombre. — El viaje — En Infinite Dreams, la canción que me faltaba desde River, Bruce habló de la ayahuasca. Yo nunca la he probado, pero lo que sé es que la ayahuasca no da sueño, da revelación. Bruce no la aterrizó del todo, pero mostró interés por el lugar donde estaba, y eso ya es mucho. Los músicos de gira casi no conocen los países: del aeropuerto al hotel, del hotel al estadio. Esto, para ellos, es trabajo. Que alguien se tome el tiempo de saber algo del Perú es una forma de respeto. Powerslave me llevó directo a Rock in Rio, enero de 1985, en plena gira de ese disco. Para mí la cumbre de Maiden es la trilogía The Number of the Beast, Piece of Mind y Powerslave, y estos minutos nos sumergen en Egipto. La canción dice algo que ningún faraón quiso escuchar: el poder del hombre tiene límites y la muerte siempre gana. Los esclavos lo saben, y saben que los huesos del más poderoso también se hacen polvo. Los faraones y los incas se creían el vínculo con los dioses, pero ninguna mente domina el cuerpo para salvarlo de la enfermedad o de la muerte. Así seas el rey del mundo, te va a llegar. Es la misma idea del soneto de Shelley sobre Ozymandias, ciento sesenta años antes: un rey de piedra rota en el desierto, y alrededor, arena. 2 Minutes to Midnight volvió a encender al público. Maiden sabe que no todo es galope y velocidad. Sus canciones largas, introspectivas y oníricas beben más del rock progresivo que del heavy metal, y también funcionan como descanso, para ellos y para nosotros. Ahí se nota una cultura poco común: Bruce estudió Historia, y la banda entera parece interesada en el mundo que ya pasó, en la información que queda en el misterio, en las claves tenues que te dejan entrar en la cabeza de alguien que vivió otra época. Te llevan al antiguo Egipto, a un futuro de pesadilla, al mundo de los sueños, a la literatura. Antes de Rime of the Ancient Mariner, Bruce habló del albatros y del cóndor. Lo hizo medio en broma, diciendo que el albatros apesta, y el cóndor algo parecido, pero aprovechó para decir que hay que respetar la naturaleza. Buscó un ancla entre su mundo y el nuestro: el albatros es del mar, del Atlántico de los irlandeses, ingleses y escoceses, y el cóndor es de las alturas, de los Andes. Los dos son animales majestuosos, y el hombre, sea marino o andino, los aprecia. Creo que tomó conciencia de que el Perú está entre los países más ricos en aves del mundo, con tantas especies migratorias. Eso lo eleva. El poema de Coleridge es una moraleja sobre el orgullo humano. En el poema el albatros no trae mala suerte: los marineros lo reciben como buena señal, y la desgracia llega porque el marinero lo mata sin motivo. El agüero lo trae el hombre, no el animal. El hombre, que es experto en categorizarlo todo, se cree más inteligente, sobreestima su capacidad, se pone en el centro y toma decisiones trágicas para su entorno, cuando lo que debe haber es un equilibrio: el yin y el yang, lo bueno y lo malo que no es tan malo, la muerte que alimenta otra vida y cierra el círculo. Por eso hay culturas para las que la muerte es algo hermoso, algo que sucede una sola vez. Casi al final del poema, el marinero lo dice con palabras que podrían ser mías: reza mejor quien mejor ama todas las cosas, grandes y pequeñas. Ahí entendí también otra cosa. Yo estaba haciendo una lectura simbólica, filosófica, histórica. Pero buena parte del público no conecta con el mensaje sino con la dinámica: los riffs, las guitarras armonizadas, la velocidad. En las partes largas y progresivas la gente se apagaba un poco. Es comprensible. No todo es cantar a grito pelado, y las canciones viejas que vuelven al repertorio no siempre están en el radar de todos. Un estadio no es una ola permanente; tiene mareas. — Galope y teatro — Run to the Hills es de las más simples, como esas canciones de estadio de Queen que, fuera de Bohemian Rhapsody, no necesitan estructuras complejas para llegar a la gente. Pero es curiosa: son unos ingleses los que le echan en cara al mundo blanco anglosajón que fueron invasores, que ya había gente ahí. La letra cambia de voz: primero canta el nativo, después el soldado. Para los indios la tierra eran sus ancestros, los bisontes, un espacio que les daba sentido. El hombre blanco competía consigo mismo: quién llegaba primero, quién renombraba el lugar. Lo mismo hicieron los españoles. Esto es mío porque le di un nombre de una cultura superior, porque traje una religión del amor al prójimo y del perdón que yo mismo no cumplía, porque al otro lo traté como a un menor de edad eterno. Venían de una era más moderna, pero no menos imperfecta ni cruel. Seventh Son of a Seventh Son la sentí como Rime: progresiva, operística, teatral, enigmática. Es la canción que le acomoda a Bruce, que es en el fondo un actor de ópera al que la academia nunca le abrió la puerta. El rock no es una ciencia musical; lo que lo distingue es el corazón y la libertad de tocar temas que la música académica no tocaría. Puede ser abstracto, teatral, hasta culto, pero culto para la gente común y no para la élite. En la pantalla, el tórax de Eddie, como en la portada, iba dejando caer las vértebras de su columna. Para quien buscaba velocidad, era un momento de introspección con paisajes y atmósferas variados. Arturo y yo coincidimos en que es un disco subestimado, sólido de principio a fin, el de la madurez después de Somewhere in Time. Habla de sueños, de clarividencia, de símbolos. Somos animales de símbolos. Me gusta que Maiden no abuse de la tecnología. No es el despliegue de Metallica en Las Vegas, que te deja con la boca abierta. Aquí la música va primero, con la parafernalia de las grandes bandas de antes al servicio de la atmósfera: el tono, la fuerza, los silencios, el bajo que empieza a fluir. Las pantallas tenían algo de tres dimensiones, y Eddie parecía salirse de ellas. La batería sí se hizo extrañar. Nicko tenía un toque muy personal. Simon Dawson cumplió, pero no tuvo la soltura de Nicko, que desde el primer día dijo: este soy yo, este es mi estilo. Entiendo la transición: no se puede obligar a un músico veterano a seguir hasta quemarse, como si la banda fuera solo un negocio. En The Trooper Bruce salió con la bandera peruana. Lo tomé como una deferencia, no como una cuestión histórica. Normalmente flamea la Union Jack, y para algunos eso es chocante, porque carga con el imperio, la reina Victoria, los reyes de los mares, la Commonwealth. Pero la canción no muestra un imperio imparable. Cuenta la carga de la Brigada Ligera en Balaclava, durante la guerra de Crimea, cuando ingleses y franceses salieron a socorrer al Imperio Otomano, el enfermo de Europa, no por amor al turco sino para que Rusia no llegara a Constantinopla. La era industrial había llevado la destrucción a otro nivel. Tolstói estuvo en esa guerra, del lado ruso, en el sitio de Sebastopol, y de ahí salieron sus Relatos de Sebastopol. Aquella carga no fue un acto heroico sino un sacrificio, como el del regimiento de Alcántara en Annual, en el Rif, en 1921, que se inmoló para que se salvaran las tropas dispersas. Hay ahí algo caballeresco, el espíritu de dar la vida por el otro, que nada tiene que ver con un imperio. Blaze decía que es una canción muy difícil de cantar, por lo rápida, porque hay que administrar el aire y la voz. Y Bruce contó alguna vez que prefería Die With Your Boots On. Los artistas no son dueños de su obra: el público elige. Hallowed Be Thy Name es de las grandes épicas de comienzos de los ochenta: operística, con algo de balada y una parte explosiva. Es el monólogo de un condenado a muerte en las horas antes del patíbulo, el que duda, tiene miedo y al final acepta. Ante lo inevitable sale el verdadero yo. Leí alguna vez de un italiano secuestrado en Irak que, frente a su verdugo, pidió que no le vendaran los ojos y dijo: ahora verás cómo muere un italiano. El público se prende muchísimo con esta canción. Maiden hace canciones dentro de canciones, y cada setlist es una obra de arte porque sabe dosificar: te mete un subidón después de una pausa, y las pausas no aburren, te embelesan. Mucho metal quiere el subidón todo el tiempo. Maiden tiene un repertorio tan rico que te da una paleta entera. Y luego Iron Maiden, que siempre tocan y siempre es bienvenida. El Eddie de la pantalla parecía salirse del escenario. Desde donde yo estaba, el campo A era un espectáculo, inmenso, lleno de bote a bote, y la gente saltaba al unísono, como un solo cuerpo. — El bis — El bis no fue el clásico, el de hacerse esperar. La gente coreaba «Maiden, Maiden, olé, olé, olé», pero la banda volvió casi enseguida, como si no pudiera contener la energía. En las pantallas, como entrando a un túnel del tiempo, aparecieron imágenes de la Segunda Guerra Mundial, bombardeos y aviones, y después la voz de Churchill. Churchill era un personaje al que ya nadie tomaba en serio: se había cambiado de partido, cargaba con el desastre de Galípoli, era noctámbulo, medio dionisíaco, había sido prisionero en la guerra de los bóeres, había cargado en Omdurmán, y hasta le echaban en cara que su madre fuera norteamericana. Agarró la papa caliente cuando nadie la quería. Fue el hombre indicado en el momento indicado, el que ofreció sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor, y el que dijo de los pilotos de la Batalla de Inglaterra que nunca tantos debieron tanto a tan pocos. Palabras de hierro. Y empezó Aces High, con Eddie piloteando y combatiendo en la pantalla. Yo estaba en mi paroxismo, con el polo de esa misma canción puesto. Esas ruinas no eran historia lejana para ellos. Sabbath y Priest salieron de Birmingham, ciudad obrera bombardeada por sus fábricas, y Maiden del East End de Londres, arrasado por el Blitz. Sus padres vivieron los bombardeos; ellos crecieron con los estragos, los ausentes, el trauma. Para nosotros es una lección de historia; para ellos era el barrio. En Fear of the Dark, Bruce salió con su sombrero y una luna detrás, misterioso, y nombró al Perú. La intro es deliciosa, y cuando la canción se enciende es el desfogue total. Y pasó lo que todos temíamos. Las bengalas estaban prohibidas, la banda había pedido por las pantallas que no se usaran, y aun así, mientras yo filmaba, se encendieron una, dos, tres en el campo A. En el video se me escucha: «¡idiotas!». Después se encendió otra en el campo B. La gente intentó pisarlas, porque había miedo de ser una vergüenza, pero una bengala encendida no se apaga: se consume hasta el final. Brillaron desde el piso. Yo lo conozco de la tribuna de la U: el humo huele y se va adonde lo lleve el viento. En Quito las prendieron a pocos metros de la valla, el viento llevó el humo hacia Bruce, y pararon el show tres veces. Aquí fueron cuatro, cuando pudieron ser cincuenta. En el concierto de System of a Down, en abril de 2025, fueron decenas, y Defensa Civil tuvo que atender a muchísima gente. Esta vez, por suerte, nadie cortó nada. La olla estaba hirviendo, pero la banda estaba feliz. El campo era un desborde de pogos y circle pits. Después vi un video del mismo Jesucristo de mi confesión, en el campo A: en la pausa de una canción la gente se abre, él se queda solo en el centro con los brazos en alto, y cuando la canción explota la gente se le viene encima y desaparece, como si lo hubieran desintegrado. Vi también gente cargando sillas de ruedas hasta la barrera. Bruce habla y habla, pero esta vez hablaba del Perú con conocimiento. No es como esos artistas que leen las frases en español que les dejaron dibujadas en el piso. Yo lo considero un superdotado más que un genio: el genio lo es en una sola cosa, y el superdotado hace todo bien. Es piloto, fue esgrimista de alto nivel, es el mejor vocalista y quiere más; se le nota el actor frustrado. Si yo tuviera una compañía de Broadway, lo contrataría para El fantasma de la ópera. Escribe, es directo, es empático. Me recuerda a mi papá, que siempre decía: yo puedo reconvertirme, puedo empezar de cero. Ni el uno por ciento de la gente puede decirlo con esa determinación que asusta, aunque por dentro uno sea un flan. Wasted Years cerró la noche, otra fiesta. Reconozco que no sonó perfecta, porque es una canción tan limpia y tan llena de sentimiento que pide perfección. Adrian Smith la escribió agotado por la gira de Powerslave, que duró casi un año, con conciertos casi día por medio: el pasaporte lleno de sellos sin conocer los países, del aeropuerto al hotel, encarcelado por los fans en la puerta, del hotel al estadio y a la prueba de sonido. Pero la letra no es amarga: dice que no hay que perder el tiempo buscando los años perdidos. Por eso agradezco cuando los músicos nombran no solo a los integrantes visibles sino también a los invisibles, a los técnicos, a las hormiguitas obreras que cargan con todo. Y agradezco que la banda siga con sus escenarios de los ochenta, apenas actualizados, porque te hacen volver a tener quince años. Esa no la filmé. La quise vivir, gritar. Ya me había parado desde antes, cuando todos estaban sentaditos, y si alguien me hubiera pedido que me siente, le habría dicho: levántate, vive el concierto. Yo, que soy tan tímido. Pero ya estaba en modo dionisíaco, y sin tragos, porque tenía que manejar. De las palabras de despedida de Bruce no recuerdo nada. El corazón me latía a mil. Fue, de los tres conciertos de Maiden que he visto en el Perú, el mejor. — Después — El celular estaba lleno de mensajes: ¿dónde estás?, ¿dónde estás? Amigos del colegio, del foro, de la universidad, vecinos, papás de compañeros de mi hijo que también son metaleros. Una comunidad entera. A la salida vi a una pareja joven, delgados, de esos que parecen de plata, los dos con el mismo polo verde de Aces High que yo llevaba. Me metí en su foto y se lo tomaron bien. La gente cree que en un concierto de heavy metal todos van con cara de malo. Es al revés: es como en un Mundial, todos con una sonrisa de oreja a oreja. Lo vi también en Finlandia, después de un concierto de AC/DC en Hämeenlinna, la ciudad de Sibelius. Dicen que el finlandés más extrovertido es el que te habla mirándose la punta del zapato. Esa noche estaban todos desatados. Amanecí en la estación del tren entre cientos de cuerpos tirados, parejas abrazadas hablando bajito y un chico con una guitarra acústica cantando Maiden y rock en finlandés. La música se mete debajo de la piel, como un tatuaje, y ahí se queda. Esto, al final, no es una crónica. Es un testamento: mi vida acompañada siempre por Maiden, con sus caídas y sus subidas, con sus más y sus menos. No sé si esta habrá sido la última vez. Si lo fue, ya no me importa. Yo no soy dueño del destino, ni tampoco de Maiden. Fue un regalo. En Wasted Years entendí lo que había escrito antes de ir: que los trece años no fueron desperdiciados. Fueron la espera que hace que esto valga lo que vale. La bandera no entró al estadio. Se quedó en el carro, como yo me quedé trece años esperando afuera. Pero al día siguiente estaba en casa, de punta a punta, en las manos de mis hijos. Up the Irons! Foto gracias a Ricardo Choy Kifox para Move Concerts Perú

Heavy Metal Peru

La web del metal en el Perú.

Este sábado 24 de octubre se realizará la presentación del libro YAWAR METAL. 🇵🇪🤘🏻 El evento tendrá lugar en el Museo Metropolitano de Lima y contará con la presencia de reconocidos músicos y actores del Metal peruano, quienes colaboraron para los fines de este libro. Se debe realizar una reserva para poder participar del evento.📖

Yawar Metal: 200 Producciones de Metal Peruano Que Debes Conocer es una obra fundamental y cronológica, del autor Marco Echegoyen, que recorre cincuenta años de historia, resistencia y pasión musical en el Perú. A través de un minucioso viaje año por año, desde los primeros brotes pesados en 1972 hasta la madurez de la escena en 2022, este libro sitúa el desarrollo del género en su contexto social, político y cultural, tanto nacional como internacional.
De la mano del comunicador y escritor Marco Echegoyen , y enriquecido con el testimonio directo de más de 130 músicos de todas las regiones del país, este trabajo descentraliza la mirada tradicional para revelar cómo se forjó la identidad metalera en la costa, la sierra y la selva. Teniendo como eje 200 producciones musicales esenciales —entre álbumes, demos, EP y maquetas de culto—, estas páginas rescatan el acervo, la rebeldía y el legado cultural de una comunidad que supo sobreponerse a los prejuicios para hacer fluir con fuerza la savia del metal peruano. Una guía imprescindible tanto para los nuevos headbangers como para los más curtidos guardianes del underground
#MetalPeruano #YawarMetal
💀🔥 ¡MAÑANA: @MALEVOLENTCREATION + @MYSTIC_ CIRCLE_Official  EN LIMA!

¡La brutalidad del death metal llega a @YieldRock ! 🤘 estos son los horooóMañana nos espera una noche extrema junto a Malevolent Creation, celebrando los 35 años del disco 'The Ten Commandments' , y los alemanes de Mystic Circle.

⏰ ¡Conoce los horarios y organiza tu llegada!

📅 Martes 20 de octubre
📍 Yield Rock — Jr. Carabaya 815, Lima
🎟️ Entradas por #Ticketmaster

¡Nos vemos mañana para desatar el caos! 🔥🤘

#MalevolentCreation #MysticCircle #DeathMetalRulesVol3 #XariaMusic
Imàgenes de los fans de todas las edades y procedencias , que asistieron al show de Maiden. 
#UptheIrons
El brasilero Diego Konrath vino a Lima para ver a #IronMaiden por 41ava vez ! Se fue a pasear por las calles de Miraflores...y se encontró con el guitarrista Janick Gers que estaba haciendo lo mismo! 
#UptheIrons
Soberbio show de @IronMaiden en Lima. Sobran las palabras para contar todo lo que hemos vivido esta noche...gracias por repasar todo tu legado , valió la pena cada monuto. 
#UptheIrons
Anuncio en las pantalls del show.
Rrspetemos la decisión d3 la banda
#MaidenFamily es un tèrmino que tal vez hayan escuchado o leido, y se asocia a la legión de fans en todo el mundo que sigue a Maiden. Conocimos a Arturo Rodriguez , fan mexicano que  viajó a ver a la 'doncella de hierro' a Buenos Aires (2013)  y que ahora sigue a la banda en toda su gira. Esta fecha de Lima serà su 81va. Vez que los ve y lo vivirà con la misma pasión como los vió la primera vez en el D.F. 
Maiden es una familia ! #UptheIrons