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Crónica de ‘Frajita’, del sobrenatural show de Saturnus en Yield Rock ( 5/10/2026) Abrazado por la oscuridad «Literalmente nos abraza y nos acuna la oscuridad.» — Julio Fernández, Saturnus I. La fiebre y el silencio La fiebre mediática por el heavy metal me encontró a los trece años, y me hizo feligrés. Ahí empieza mi historia con este género. A esa edad decía que lo mío era el rock; hoy sé que, definitivamente, lo mío es el metal. Pero una cosa es el heavy metal cuando está en las portadas y otra muy distinta cuando deja de estarlo. A inicios de los noventa se convirtió en algo vetusto. Nadie lo denigraba abiertamente, pero se le miraba como agua pasada, porque era la época de otros estilos. El grunge tomaba elementos del metal y del punk, sí, pero evitaba con cuidado lo que para mí era el corazón del asunto: el solo de guitarra. La ostentación, decían. La destreza como pecado. Treinta años después, en un local de Lima, entendí que había otra manera de tocar un solo. Una que no ostenta nada. Los solos de #Saturnus no te demuestran que el guitarrista sabe tocar: te abrazan el alma. Van por otro camino. Es una música muy europea. Un poco antes de Saturnus, en los noventa, apareció una camada de bandas de diversos países europeos que renovaron la identidad del metal. La enriquecieron con elementos de la cultura occidental: la música clásica, la música vernácula, el folclore, y con un academicismo propio de la música de alto nivel. Integraron violines, pasajes acústicos, a veces hasta elementos del jazz. Y empezaron las voces femeninas, bellas, con un canto como de ninfas y un mensaje más etéreo, más poético. Sé que el metal, como el jazz, no es para cualquiera. Hay que educar el oído. A quien no está acostumbrado le produce rechazo, porque le suena a una bola de ruido. Pero el metal nunca dejó de evolucionar, y en esa Europa de los noventa evolucionó hacia adentro. Recuerdo al filósofo español Gustavo Bueno que decía que el rock y el heavy metal, aunque tomaran elementos de la música académica, nunca iban a entrar en ella: siempre pertenecerían a lo que él llamaba «música degenerada», algo que intenta imitar pero no lo es, porque su esencia es el ruido. Para mí esa esencia nunca fue ruido. Era emoción, fuerza, juventud, protesta, irse contra lo establecido. A diferencia del punk, donde lo musical no era tan importante, donde básicamente se tocaba mal, se hacía todo uno mismo y se decían las verdades de frente, con mucha política, el metal europeo de esa época expresaba su verdad a través de la melodía y la introspección. En los ochenta había sido distinto. Fue la ebullición del heavy metal: era mediático, y aparecieron el thrash, Metallica, y cosas más fuertes, como Slayer. Esa música tenía que ser satánica, blasfema, porque era un sello de identidad contra el orden establecido: contra la iglesia, una forma de molestar a los padres. Los europeos de principios de los noventa abrieron otro camino. En lugar de alzar el puño, bajaron a la memoria: Amorphis se metió en el Kalevala finlandés; otros, en el folclore y la temática antigua. Saturnus pertenece a esa estirpe. Canciones largas, con pasajes, introspectivas. Son la antítesis de quien busca en la música solo una emoción fuerte, solo ruido. II. Una luz llamada Paradise Lost Ya en los noventa llegó el cable a casa. Era un canal norteamericano MTV, pero el heavy metal todavía tenía su espacio: los sábados, Headbangers Ball. Para entonces, lo que estaba de moda era el grunge, el rock alternativo, el punk melódico de Green Day. Y en el programa sonaban sobre todo bandas norteamericanas que mezclaban el metal con otros ritmos, con groove, hasta con rap, vestidas como tribus urbanas, como Suicidal Tendencies. Tenía su fuerza, no lo niego. Pero no era lo que yo llevaba dentro. Dentro de todo ese listado de videos encontré una luz. Fue cuando vi «True Belief» de Paradise Lost. Algo que yo creía casi perdido seguía vivo. Metallica, que eran mis dioses, se habían vuelto cada vez más mediáticos, y la consecuencia final llegó en 1996 con Load. Se sintió como que se habían integrado al sistema. Hubo reacciones de todo tipo, pero el mensaje fue muy claro, porque fue estético: se cortaron el pelo, comenzaron a usar ropa fina, como si hubieran visto que la bola iba por otro lado. Yo no lo viví como una traición; para otros, más cerrados, quizá sí lo fue. Sin buscarlo, Paradise Lost se convirtió para mí en la continuidad de Metallica, pero con un sello muy propio: un estilo gótico con la fuerza del metal. La voz de su cantante se parecía en algo a la de Hetfield, y luego la fue transformando, sobre todo en Icon. Todo eso, la imagen, la música, la simbología, se me volvió fascinante. Adictivo. Y Paradise Lost no vino solo. Vinieron Anathema y My Dying Bride, también ingleses. Vino The Gathering desde Holanda, que había empezado como banda de death metal y cambió por completo cuando puso al frente la voz de Anneke van Giersbergen. Una voz bellísima. Eran musas realmente, mujeres que irradiaban luz con sus voces, celestiales, perfectas, pero mezcladas con la rudeza y la crudeza del heavy metal. Sus mensajes eran simples y preciosistas, y a la vez enigmáticos. No fue solo Inglaterra ni Holanda. Llegó hasta Portugal, con Moonspell, en cuya temática se nota la influencia de la literatura. Hasta de Polonia, me acuerdo, conocí a Neolithic. En Finlandia, Amorphis recurría al folclore, a las tradiciones culturales del norte de Europa y a las sagas, como el Kalevala. De Suecia llegó Tiamat, con un sonido propio y una temática bastante oscura. Después vendrían las bandas que explotaron la mitología vikinga, como Amon Amarth, pero eso fue más tarde. Y yo descubría también bandas raras, como Absurd Existence, alemanes, con un sonido cercano al funeral doom, los finlandeses increíbles de Decoryah o Gates of Ishtar. Para mí, todas esas bandas demostraban que el metal fuera de Estados Unidos estaba muy vivo, porque miraron hacia adentro de sí mismas, hacia la historia musical europea. Siempre se dice que el rock nace del blues; ellos no estaban enfocados en el blues, como las músicas norteamericanas. Rescataron elementos de la cultura europea de una forma muy visible y la enriquecieron con instrumentos que parecían la antítesis del metal. My Dying Bride usaba violines. Había intros con piano, instrumentos vernáculos. Lo tenían todo ahí. Revivieron lo gótico, que en la música es algo muy amplio, en una versión metal. Y heredaron el espíritu del doom de Black Sabbath: un sonido más denso, más lento. Por eso me llama tanto la atención que Saturnus hable del amor. Recuerdo una entrevista a Aaron Stainthorpe, el vocalista de My Dying Bride, en la que contaba que alguna de sus canciones hasta lo hacía llorar. Es una perspectiva increíble frente al arquetipo que se tiene del heavy metal. Y esa noche de octubre, en Lima, me tocó a mí. El black metal lo considero un capítulo aparte; ese es otro estudio. Fue una especie de revolución que pasó a la acción: la quema de iglesias, el paganismo, el satanismo, una música deliberadamente áspera para pertenecer solo a un grupo muy pequeño. Yo hablo de otra cosa. Para mí, con esas bandas, se abrió un mundo. III. La cacería: Pasaje de los Pinos y Galerías Brasil En esa época no había internet, o el acceso era muy restringido. Tenía un amigo ingeniero que trabajaba en la Red Científica Peruana y que tuvo una de las primeras conexiones, pero todo era arcaico, carísimo, lentísimo. Había muy poca información. Uno no buscaba la música: la cazaba. En el Perú los CD siempre fueron caros, así que el negocio era grabar: primero en casete, después en CD. Yo trabajaba en Miraflores, y cerca, en el Pasaje de los Pinos, estaban esas galerías míticas donde te grababan discos. Pero el catálogo era rock, grunge, alternativo; el metal era genérico. Esas bandas europeas no estaban, o aparecía una de casualidad. El centro de todo era Galerías Brasil. Mismo formato. Algunos vendían originales, pero de las bandas más conocidas: AC/DC, Metallica, Guns N’ Roses. Y entre todo eso había locales pequeños especializados en los sonidos europeos, muchos enfocadísimos en el black metal o en el death metal de vieja escuela. A mí me llamaban la atención otras bandas, las que tenían esa melodía especial, única, que nació en los noventa: teclados que acompañan las voces, una atmósfera oscura pero no maligna. Ahí había belleza. Recuerdo una tienda que se llamaba Los Dos Diablos. Lo típico era que veías una portada, el chico te la hacía escuchar, decías «ok» y te grababa el CD. Pero cuando encontré a The Gathering, me emperré: quería el original. «No, voy a hacer el pedido, puede llegar en un mes», me decía. Y ahí empezaba la puja por llevarte los discos. Al final entendí que ellos no sabían bien lo que vendían; estaba todo mezclado, de todo, sonidos extremos con joyas. Así, negociando, fui consiguiendo The Gathering, Celestial Season, Neolithic. Yo no quería la copia: quería el disco original. Iba decidido, a pelear por llevarme las joyas y tenerlas ya. Así llegó The 3rd and the Mortal, una banda noruega con elementos casi jazzísticos y la voz de Kari Rueslåtten. Dios mío. Y de Finlandia, Sentenced. Los guturales mezclados con voces limpias, al estilo de la Bella y la Bestia: la voz masculina, áspera, y la voz femenina, hermosa. Las mujeres, vestidas como diosas. Cada disco era un descubrimiento mío, que compartía con unos pocos amigos. Me es difícil enumerarlas todas. Hoy me queda una colección de unos seiscientos o setecientos CD, y ya no sé cuántos son de esa época exacta. Después aquello se expandió, y hoy las bandas de voces femeninas hermosas son casi un formato. Pero yo hablo del espíritu de esa época. Una banda se me escapó: Saturnus. Su primer disco salió en 1997, cuando ya había montones de bandas, y se me pasó. Tanto que llegué a dudar si los había visto antes. He ido a unos veinticinco festivales en Europa, Estados Unidos y Brasil, de esos en que te quedas varios días, incluso cruceros, donde ves decenas de bandas. Debo haber visto más de ochocientas bandas de rock y metal. Y repasaba: Saturnus, Saturnus… No. No habían venido a cruzarse conmigo. Ellos tampoco se apuraron. Solo cinco discos en treinta años; entre el cuarto, de 2012, y el quinto, de 2023, pasaron once. No están enfocados en lo comercial. Han mantenido su sonido, y a la vez ha habido una evolución. El domingo anterior al concierto me puse a escucharlos, por tirar, y ¡juácate!: fue un flechazo. Pero cuando los vi en vivo fue más todavía. Mucho más. IV. Saturno, el planeta de los melancólicos Saturnus nació en Copenhague en 1991 con otro nombre, Asesino, y otro sonido, death metal. Lo fundaron el vocalista Thomas A. G. Jensen y el bajista Brian Hansen. En 1993 cambiaron de nombre y de piel: Saturnus, death/doom melódico con un aliento gótico. Su primer disco, Paradise Belongs to You, se grabó entre marzo y agosto de 1996 y salió en enero de 1997. En la portada hay un ciervo muerto bajo la nieve; entre canción y canción se escuchan pájaros, flauta, susurros, y en un pasaje se recita a William Blake. Cuando le preguntaron a Thomas Jensen qué discos lo habían llevado hasta ahí, respondió sin dudar: Crestfallen y Serenades de Anathema, Turn Loose the Swans de My Dying Bride. «Esos son los álbumes que lo empezaron todo», dijo. Leí eso y sentí un escalofrío: eran mis discos. Los tenía en mi colección. Sin saberlo, yo había escuchado a los maestros de Saturnus antes de escuchar a Saturnus. No era una frase de ocasión. En 1999, en el número 7 del fanzine Ledo Takas, el baterista de entonces, Jesper Saltoft, ya decía lo mismo: lo que los había vuelto más melancólicos, más doom, más clásicos, era una mezcla de Paradise Lost, Current 93, Anathema… y crecer. Y cuando le preguntaron por sus influencias nombró a My Dying Bride, «que tuvo una gran influencia en Saturnus, y todavía la tiene», y pidió no olvidar a The Gathering, Anathema y Tiamat. Era mi estante. Era mi colección de CD, nombrada por ellos mismos, treinta años antes de que yo los viera. En esa misma entrevista explicó la portada del primer disco, el ciervo muerto en la nieve: querían que la gente pensara en la vida, en lo cruel y lo hermosa que es al mismo tiempo, y recordar que solo ocurre una vez. Y sobre cómo unir la pureza de los sentimientos con la aspereza del doom, respondió que sus letras eran como poemas, porque así resultaba más fácil combinar la rudeza con las cosas importantes. «Como… el amor», dijo. Hay otro hilo que me parece casi providencial. Su segundo disco, Martyre (2000), lo produjo Flemming Rasmussen, el mismo productor danés de Ride the Lightning, Master of Puppets y …And Justice for All. Y volvió a trabajar con ellos en The Storm Within (2023), su último disco; Julio Fernández lo llama «un hermano de armas», «parte de la banda». Es decir: el hombre que le dio sonido a mis dioses de juventud es el mismo que le dio sonido a esta banda que me hizo llorar treinta años después. La continuación de Metallica que yo intuía en los noventa no era una metáfora. El nombre tampoco es casual. En la tradición renacentista, Saturno era el planeta de los melancólicos. Marsilio Ficino escribió que los nacidos bajo su signo eran los contemplativos, los estudiosos, los que piensan demasiado; Durero grabó en 1514 su Melencolia I, un ángel sentado entre instrumentos de medición, con la mirada perdida y la cabeza apoyada en la mano. Saturno es también Cronos, el tiempo que todo lo devora. Melancolía y tiempo: los dos temas de esta banda, y, ahora lo sé, los dos temas de esa noche. Después del cuarto disco, Saturn in Ascension (2012), vinieron más de diez años de silencio. La banda se rearmó: en 2020 llegaron dos guitarristas, Indee Rehal-Sagoo (solista) y Julio Fernández (rítmico), y en 2021 el tecladista Mika Filborne. Con Henrik Glass en la batería y Brian «Pomy» Hansen en el bajo, grabaron The Storm Within. Julio lo explicó así: «Pasamos por una auténtica tormenta interior durante mucho tiempo, sumada a la situación mundial». Un disco conceptual, dijo, «basado en experiencias reales, que guía al oyente a través de nuestro viaje». El bosque invernal de 1997 se volvió mar y tormenta en 2023. El duelo cambió de paisaje, pero siguió siendo paisaje. V. El faro Llegué al concierto al final de una semana durísima. De esas que te dejan sin palabras y con la mente trabajando a toda máquina, como trabaja siempre la mía: investigando, cruzando datos, queriendo entenderlo todo. Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, no escuché con la mente. Escuché con el corazón. Fui con mis amigos del colegio: Julio y César, que son hermanos, y Mario, su vecino. A los cuatro nos une Paradise Lost, nuestra banda favorita; Mario es el más fan de todos, tiene todo de ellos. Fuimos en taxi —menos mal, como se verá— y antes nos tomamos unas cervezas; está en las fotos. Yo apuraba a todos, porque calculaba que podían empezar a las diez. El concierto fue en el Yield Rock, un sótano. No es el mejor lugar, la verdad. Iba a ser en El Cántaro, un teatro, pero según me contó Julio la gira casi se cae entera. Era la primera gira de Saturnus por Sudamérica; antes solo habían venido una vez, a un festival en Brasil. Y esta vez, extrañamente, incluía al Perú. Normalmente no hay quórum: bandas que me encantan, como Draconian, van a Chile, Argentina, Brasil y México, ahora también a Colombia, y para de contar. Por eso las entradas son caras: para compensar. Lo había averiguado. El doom metal es de los géneros más minoritarios. He visto en vivo bandas parecidas, como Novembers Doom, pero Saturnus nunca tocó en los grandes festivales: tocan en festivales muy especializados, como Madrid is the Dark, Under the Doom en Portugal o Candelabrum en México. Festivales para ver bandas raras. Cuando llegamos a la entrada, el vocalista y el tecladista estaban ahí, compartiendo con los fans. Me sorprendió la cantidad de gente: no era mucha, quizá ciento cincuenta, pero tenían su material, sus LP, sus discos. Saturnus tenía seguidores escondidos en Lima. El merchandising ya se había agotado casi entero; quedaba un solo polo, talla L, y César se lo compró. Adentro me encontré con otros amigos más. En el polo de la gira hay un faro en medio de la tormenta. Debajo, las fechas: Guadalajara, León, Ciudad de México, Bogotá, Lima el 5 de octubre, São Paulo, Buenos Aires, Rancagua, Curicó, Concepción, Santiago. Lo miré después, en casa, y entendí que esa imagen era exactamente lo que había vivido: alguien que en plena tormenta encuentra una luz que no se mueve. La hoja del setlist decía «South America Tour». Doce canciones, una tachada. Empezaba con The Storm Within, su disco más reciente, y terminaba con Christ Goodbye, de su primer disco. El concierto fue un viaje hacia atrás en el tiempo: de 2023 a 1997, de la tormenta al bosque. Del presente herido a la juventud. VI. Los brazos en alto A las diez y veinticinco empezó el show. Abrieron con The Storm Within. Siguieron Empty Handed, Softly On The Path You Fade e Inflame Thy Heart, tres canciones de Martyre, el disco de 2000. Después A Father’s Providence y Forest of Insomnia, de Saturn in Ascension; Embraced by Darkness, All Alone e I Long, de Veronika Decides to Die, el disco cuyo título viene de la novela de Paulo Coelho; y Breathe New Life, otra vez del disco nuevo. Me dejó de una sola pieza. Grabé 4 videos. Tengo fama de grabar de una manera muy extraña. Perdí mi cámara digital hace un año y ahora uso un celular Honor que a veces graba bien y a veces destroza los bajos; me pasó con John Lydon (Antes Johnny Rotten de Sex Pistols) de Public Image Ltd: salió horrible. Esta vez no. Ayer, en el almuerzo, se lo puse a Gonzalito. ¡Wow! Increíble. El público se me metió en el bolsillo. Se escuchan mis gritos, gritos feroces. Y yo los veía a ellos, a los músicos, emocionados, porque aunque éramos quizá ciento cincuenta, el ambiente era un rebote de energía y de emoción. La gente hacía headbanging; yo también, y todavía me duele el cuello. Estoy un poco ronco. Mis amigos me pasaban vasos de cerveza por la espalda —«toma, va»— y me tomé como cinco. No estaba borracho. Pero se soltaron mis demonios internos. Cerraba los ojos mientras filmaba y veía paisajes. No los imaginaba: aparecían. Creo que fue mejor no conocer las canciones de antemano. Había escuchado algunas, todas buenísimas, había leído las críticas, pero llegué casi limpio. Y la emoción se me quedó. Mis amigos me miraban y se reían. «Javier, parece que te elevas», me decían, con los brazos en alto. Yo les respondía que sí, que ya me iban a salir estigmas, como los clavos de Jesús, que los ojos me iban a sangrar. Lo que me salieron fueron lágrimas. Nunca en mi vida me había pasado llorar con una banda cuyo repertorio no conocía. Me había pasado un par de veces, sí, pero con canciones que eran mías: con Marillion, y con Anneke van Giersbergen y «Saturnine», la canción que terminó por unirme con Sofía. Pero esa es otra historia. Saturnine, Saturnus: el mismo planeta, otra vez. Leyendo después las entrevistas encontré la frase de Julio Fernández que le da título a esta crónica. Dijo que en el escenario ellos sonríen mucho, aunque las letras sean oscuras y la música pesada, porque la oscuridad, literalmente, los abraza y los acuna. Eso fue lo que sentí desde abajo. No me hundí en la oscuridad: me abrazó. Julio también dijo algo sobre la pérdida que no me he podido sacar de la cabeza: que la pérdida te desgarra el alma, te hace preguntarte por qué sigues aquí y quién eres, y te obliga a reconstruir tu identidad, tus prioridades, la dirección de tu crecimiento. Y habló de un rayo de luz que llega cuando aceptas la profundidad de tu dolor. Henrik Glass, el baterista, que escribe casi todas las letras, lo dijo de otra manera: el pasado puede pesar mucho sobre los hombros, pero también alimenta la decisión de convertir el presente en poesía para los valientes. VII. Dos guitarras, un solo corazón Hay algo en la manera en que Saturnus usa las dos guitarras que explica, creo, por qué esa música entra por el pecho y no por la cabeza. Julio Fernández sostiene: es la tierra, el ritmo lento que no se apura. Indee Rehal-Sagoo canta encima: melodías largas que no buscan el virtuosismo, sino el lugar exacto donde una nota duele. Una guitarra es el bosque; la otra es el viento entre los árboles. Cuando les preguntaron cómo logran ese equilibrio, respondieron que casi siempre llega de forma natural al componer. No es una técnica: es una forma de escucharse entre ellos. Y dijeron algo más, que para mí es la clave de todo: que componer es para ellos una fuente de calma para el alma, una manera de soltar la presión. Esa noche, por un rato, su calma fue la mía. Los teclados de Mika Filborne cubren todo con una niebla de piano y cuerdas, y la voz de Thomas Jensen pasa del gutural más hondo a un recitado casi hablado, quebrado. Un reseñista escribió sobre su último disco que su voz «se quiebra y realmente sientes el dolor que expresa», y que el disco transmite «el dolor agridulce y amortiguado de la aceptación». No encuentro mejor descripción. Tremendos músicos, todos. El guitarrista rítmico es español; el solista, creo, inglés. Y el tecladista, a nivel de concertista: por momentos parecía Ludovico Einaudi. Tuvo sus partes solo, y hasta pidió silencio al público —«shh»— con su poquito de español. VIII. Adiós, Cristo: el regreso al bosque El concierto cerró con Christ Goodbye, la canción más antigua del setlist, de aquel disco de 1997 con el ciervo bajo la nieve. En 1999, cuando le preguntaron si era una canción anticristiana, Jesper Saltoft respondió que no tenía ningún tema religioso; que Christ Goodbye era una mirada hacia tu propio interior, y que quizá debieron ponerle otro título. Una mirada hacia adentro: así terminó la noche. Fue como volver al principio de todo: a la Europa de los noventa, a mis CD, a ese chico que buscaba en Headbangers Ball algo que lo salvara y lo encontró en Paradise Lost. Saturnus empezó la noche en su tormenta y la terminó en su bosque. Y yo hice el mismo viaje. Cuando terminó, nadie quería irse. Fue una camaradería increíble, porque todos sabíamos que probablemente nunca más vendrán. Es una rareza. Los minutos no existieron. Epílogo. La memoria Me acerqué al vocalista. Nos tomamos una foto y le dije: «Usted es un ser humano excepcional, y un genio en su especialidad. He tenido una conexión única. No la puedo describir. No la puedo procesar». Al final me tomé fotos con todos los miembros de la banda. Las tengo en una carpeta, junto con las letras, las reseñas, una vieja entrevista de un fanzine de 1999 y los videos que grabé esa noche. Lo guardo todo porque en mi familia me tocó ser la memoria. Creo que por algo sucedió. Llegó en el momento en que estoy en mi sanación. Tengo dos fortalezas innatas,: un entusiasmo enorme cuando algo me llama la atención , y una profundidad que lleva cada tema hasta el fondo, con una curiosidad insaciable por entrar en las mentes que crearon algo. Esa noche no investigué, no crucé datos, no quise meterme en la cabeza de nadie. Solo escuché. Llegué con la tormenta dentro y me fui con un faro encendido. Saturno, el planeta de los melancólicos, el dios del tiempo que todo lo devora, me devolvió algo que creía perdido desde los noventa: la certeza de que hay una música que no se escucha con los oídos ni con la mente, sino con el alma. Fue sobrenatural. No tengo nada más que decir. Fue una catarsis, una sorpresa, una revelación. Estoy convencido de que la música cura. Y este tipo de música rompe todos los prejuicios: yo nunca viví en ella maldad. Me ha dado alegría. Si alguna letra era blasfema, nunca entró ni en mi mente ni en mi corazón. Amo estos sonidos, y amo a Saturnus. Ninguna de estas bandas es igual a otra; cada una tiene su propia expresión. Fui muy feliz. Y quise escribirlo así: desde la mente, sí, pero sobre todo desde el corazón.

El Diario El Comercio (Perú) postea que pronto lanzarà una nueva colección: ⚡🖤 EL METAL TOMA FORMA. ¿ESTÁS LISTO? 🤘 El momento se acerca. ♥️⚡ Prepárate para lo que viene. ¡Muy pronto! #ElMetalTomaForma #MuyPronto #ElComercioColecciones #Metal #HeavyMetal

Se inició la venta con todos los medios de pago para Sleeping With Sirens 🔥🤟 🎟️: Teleticket Los fans agotaron las preventas. Ahora se da inicio a la venta general para el concierto de una de las bandas más emblemáticas de la escena alternativa. Adquiere tus entradas con todos los medios de pago. 💳 Sleeping With Sirens – Tour 2026 🔥 06 de diciembre – Duomo, Costa 21 #Metalcore #Posthardcore 👉🏼 Entradas a la venta en Teleticket🎫 👉🏼 Preventa Interbank: AGOTADA #SleepingWithSirens es una experiencia Masterlive Perú y Move Concerts Perú 🔥

Heavy Metal Peru

La web del metal en el Perú.

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🎟️: @teleticket.oficial 

Los fans agotaron las preventas. Ahora se da inicio a la venta general para el concierto de una de las bandas más emblemáticas de la escena alternativa.

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Sleeping With Sirens - Tour 2026 🔥
06 de diciembre - Duomo, Costa 21 
#Metalcore #Posthardcore 

👉🏼 Entradas a la venta en Teleticket🎫
👉🏼 Preventa Interbank: AGOTADA

#SleepingWithSirens es una experiencia @MasterLiveperu  y @MoveConcertsPe 🔥
Faltan 10 días para ver a @IronMaiden en Lima ! 
#UptheIrons #IronMaidenenLima #Peruesclave
Vivimos ayer una noche etèrea con los daneses de @Saturnusbandofficial .
Cada canción era una despedida larga, como ver partir un barco que no vuelve.  No hubo blast beats, sino un glaciar que avanzaba lento, pesado e inevitable. El sonido era tan melancólico que lo hermoso y lo triste se volvian lo mismo. Cuando sonaban temas como 'Embraced by darkness', sentimos que es invierno en Copenhague a las 5pm y no va a amanecer.
Te sentías vacío y liviano a la vez, como después de llorar bien. La música generada por su lider Thomas A.G.Jensen y compañía  nos transportaron a Saturno... y nos sentimos a gusto. 

Setlist:

1. The Storm Within
2. Empty Handed
3. Softly on the Path You Fade
4. Pretend
5. Inflame Thy Heart
6. A Father's Providence
7. Embraced by Darkness
8. Breathe New Life
9. Forest of Insomnia
10. All Alone
11. I Long
12. Christ Goodbye
Reseña y Fotos de 'CheGuille'.
La banda @SleepingWithSirens  suma oficialmente a Perú 🇵🇪🤟

Gracias al enorme pedido de miles de fans, una de las bandas más emblemáticas de la escena alternativa suma a Perú a una de sus giras más esperadas.

Disfruta de todos sus éxitos en una potente noche junto a la inconfundible voz de Kellin Quinn. 🔥

Sleeping With Sirens - Tour 2026 💥
06 de diciembre - Duomo, Costa 21 

👉🏼 Entradas a la venta en Teleticket🎫
👉🏼 Preventa Interbank: 7 de octubre o hasta agotar stock.

#SleepingWithSirens es una experiencia @MasterLivePeru  y @MoveConcertsPe 🔥
#Posthardcore #Metalcore
Por primera vez en Lima, hoy lunes tendremos la oportunidad de apreciar a los referentes del death/doom melódico. Desde las sombras de Dinamarca , llega @saturnusbandofficial  para un viaje introspectivo hacia los rincones más profundos de la melancolía.

Entradas online via @joinnus .

Informes y entradas por Yape/Plin al Cel. 996757392.

Si buscas  una experiencia sonora que te aplaste el alma pero te eleve el espíritu, esta es tu oportunidad. ⚡
Las puertas del @yieldrock se abren a las 8:15 pm. La banda nacional @black_lion_peru realizarà la previa desde las 9 pm. Y #Saturnus empieza a las 10 pm con su càtedra de dolor y atmósfera densa.

#DoomMetal #MelodicDoom  #Metaldanes
Diseño especial de la artista gràfica peruana @a_quies para el polo oficial de  @apocalypticaofficial en Lima. Setlist: (3/10/2026)
1. Ride the Lightning
2. Enter Sandman
3. Creeping Death
4. For Whom the Bell Tolls
5. Battery
6. The Call of Ktulu
7. St. Anger
8. The Four Horsemen
9. Blackened
10. Master of Puppets
11. Nothing Else Matters
12. Seek & Destroy
13. One 
Reseña del show en nuestro facebook. . #HeavyMetalPeru #Metallica
🔥 ¡INSCRIPCIONES ABIERTAS PARA WACKEN METAL BATTLE PERÚ 2027! 🇵🇪🤘

¿Tu banda está lista para llevar su música hasta Wacken? 🇩🇪🔥

Ya puedes postular a la edición 2027 de Wacken Metal Battle Perú y ser parte del camino hacia la WEST REGION, junto a bandas de Perú, Chile y Bolivia. Este domingo se cierran las inscripciones. 

🎸 Inscripción gratuita
📋 Revisa las bases y requisitos en la descripción del perfil de @BackWall 

🔥 ¿Serás tú quien represente a nuestra región en Wacken?

🇵🇪 Wacken Metal Battle Perú 2027
⚔️ El camino a Wacken comienza aquí.
🔥🏃‍♂️ ¡ATENCIÓN, IRON RUNNERS! 🏃‍♀️🔥

Hemos realizado un cambio importante para garantizar un mayor espacio y una mejor experiencia para todos.

📍 NUEVO PUNTO DE ENCUENTRO:
PARQUE WASHINGTON
Av. Arequipa, Santa Beatriz – Lima 
❗ OJO: Ya no nos encontraremos en el Pentagonito. La nueva ubicación será el Parque Washington. 
📅 Domingo 11 de octubre.
⏰ 8:00 a. m.
👀 Atentos al Cronograma y a la ruta.
👉 Inscripción gratis en el link de la bio.

Prepárense para vivir una jornada llena de running, energía y mucho Heavy Metal. 🤘

🔥¡Nos vemos en el punto de encuentro!🔥

Evento organizado por @heavymetalperu y @cremarunnersoficial .
#UptheIrons